Hacia la Luz
Primera revista Braille impresa en español
Octubre – 1927
Año LXXXI No. 782
febrero-abril 2009
200º aniversario del nacimiento de Louis Braille
Biblioteca Argentina para Ciegos
Lezica 3909 (1202)
Buenos Aires, C{f.
Telefax: 4981-0137/7710
e-mail: hacialaluz@bac.org.ar
página web: www.bac.org.ar
Dirección: María Cejas
Consejo de Redacción: María Cejas y Carlos García
Responsables técnicos: María A. Bisignani, Patricia González,
Mateo Mamani, Fabián Ramírez y
Lucas Villalba
Exp. RpI 288.543
Indice
- Editorial (1)
- Escabeche de berenjenas (3)
- Expresiones discriminatorias (4)
- ¿Fotógrafos ciegos? (5)
- Carlos Mastronardi: poeta de la evocación (8)
- Músicos ciegos – Louis Braille: antes y después (11)
- Visión de una realidad (14)
- El rincón del lector (15)
Reflexiones para nuestro tiempo
Tal como se indica en la portada de este número y en los que se publicarán a lo largo de 2009, estamos en un año muy especial: se cumple el bicentenario del nacimiento de Louis Braille, que vino al mundo en el pueblito de Coupvrai, en las afueras de París, el 4 de enero de 1809 y se nos fue para el lado de las nubes el 6 de enero de 1852. Las fechas redondas actúan como un imán: atraen toda clase de homenajes y discursos conmemorativos que son de agradecer, porque siempre es bueno que se hable de Braille, que se destaque la importancia del sistema de lecto-escritura creado por este genial francés para gloria de sus pares: los ciegos del mundo.
Pero no basta con los encendidos discursos y los elogios sinceros; es necesario que los 6 puntos mágicos, de los que tanto se habla, pasen de la boca de unos cuántos a las manos de todos. Por eso nos enfrentamos a una tarea urgente: proyectar acciones concretas que aviven el interés por el Braille, acercándolo a los millones de discapacitados visuales que hoy ignoran su existencia y difundiéndolo asimismo entre aquellos a quienes no se les ha enseñado como es debido.
Hoy los lectores de pantalla, basados en una voz sintética, nos permiten acceder de forma autónoma a todos los programas y aplicaciones informáticas que una persona con vista utiliza habitualmente. La entrada plena en este mundo interactivo constituye una especie de segunda revolución para nosotros. La primera y fundamental sigue siendo la invención del Sistema Braille, hoy más vigente que nunca. En efecto, sin su ayuda, ¿cómo los ciegos hubiéramos salido de la mendicidad, abandonando el papel de víctima que nos reservaba la lástima ajena y la autocompasión? ¿cómo hubiéramos alcanzado algo que hoy a muchos nos parece habitual, un derecho adquirido que, sin embargo, tanta falta hace en los países más marginados del mundo y en muchas regiones de las sociedades que se dicen civilizadas: la alfabetización? ¿y de qué forma seríamos capaces de proseguir estudios, ejercer la docencia y la investigación, aprender un oficio, en suma, insertarnos en la sociedad e integrarnos a la cultura en que vivimos como personas libres?
Hay que señalar que los dominios del Braille se extienden no sólo a estos aspectos considerados esenciales para el ser humano; también abarcan aquellos otros que un juicio desatento calificaría de triviales, pero que en realidad son los más preciosos de la vida, porque nos llevan a entrar en relaciones cotidianas con las personas que ven y nos abren al disfrute de la sociabilidad. Gracias a este código táctil, perfectamente adecuado a la yema de los dedos, jugamos a los naipes y marcamos nuestros CD’s preferidos. Hoy se emplea en el rotulado de medicamentos y los restaurantes ya ofrecen en Buenos Aires (esperemos que la práctica se extienda a todo el país) sus menúes en braille, tentando a los impacientes dedos y por supuesto al estómago.
¿Por qué, a pesar de éstas y otras evidencias, muchos sostienen que dicho código es una cosa del pasado, algo que fue importante en su momento pero que actualmente carece de valor? Una posible respuesta sería que, con cada nueva creación, el hombre sueña resolver por fin, de una vez y para siempre, todas sus dificultades; fantasía cuyas consecuencias se agravan en el caso de la ceguera, por las indudables limitaciones que le son inherentes. Pasó con el cassette, ocurre ahora con la computación, y vaya uno a saber cua´l será el próximo invento llamado a ocupar ese sitial redentor. Pero ni el braille, ni los soportes de audio ni las rutilantes innovaciones digitales acabarán con nuestros problemas o colmarán todas las expectativas, porque se trata de medios complementarios y bajo ningún concepto excluyentes, de herramientas destinadas a despejar el camino y orientarnos hacia los fines que deseamos alcanzar. De ahí que la integración e independencia verdaderas vayan de la mano de la buena formación tiflológica. He aquí la palabra justa: tiflología, hoy casi ausente del vocabulario cotidiano de los discapacitados visuales y, salvo honrosas excepciones, sólo mentada en discursos oficiales, generalmente de protocolo.
¿Cómo definir este término? Cuando un concepto se presenta tan pleno de significados que parece rebasar toda tentativa de captación directa, hay que acecharlo, rodearlo con cuidado hasta aprehenderlo, aunque más no sea de forma parcial.
Antes que nuestra condición de ciegos, importa la de ser personas con gustos, afectos, deseos e inclinaciones, desenvolviéndonos dentro de una cultura enmarcada por valores y concepciones del mundo. Pero, aunque se sabe que no hay una psicología propia de la ceguera, sí existen particularidades que nos conciernen; fundamentalmente, porque carecemos de la vista y procuramos suplirla mediante el desarrollo de los otros sentidos, no aprendemos por imitación sino que necesitamos tocar. De esta circunstancia se derivan hábitos y comportamientos, imágenes y representaciones mediadas por la clase social, el género, los grupos de pertenencia, las cualidades del individuo, el ambiente en el que está inmerso, la educación que recibe o que le falta. A partir de estas singularidades nos movemos en el mundo: no usamos lápiz sino pizarra y punzón, el bastón nos permite soltura e independencia... ¿es necesario seguir enumerando?
Eso irreductible que nos atañe como ciegos, eso que nos identifica, desde la manera en que aprendemos a comer hasta la forma de dar un examen, todo es parte de la disciplina que llamamos tiflología, con sus estudios y búsquedas. “Hacia la Luz” quiere reflexionar sobre ella, su historia y su presente, poniendo de relieve lo que muchos menosprecian.
La creación literaria, la opinión política y la divulgación científica también son inseparables compañeros en esta aventura, sin olvidar la sección dedicada al humor sutil e inteligente: “La caverna de don Pío”
Algunos artículos se toman de distintos periódicos y revistas; otros provienen de colaboradores que no se sabe cómo (pero el curioso lector no lo divulgue) siguen confiando en nuestro trabajo.
En todos los casos, buscamos que la selección del material siga un diagrama coherente, que no sea un simple rejuntadero de artículos.
El objetivo es abrir un espacio donde se escuchen esas voces y se toquen esos temas que los medios masivos de comunicación ignoran o deforman. Por eso preferimos publicar los análisis que perduran en el tiempo, que trascienden lo anecdótico, aunque por su extensión haya que dejar afuera otros contenidos.
Recibimos textos propios o ajenos, inquietudes y comentarios en
hacialaluz@bac.org.ar
Carlos García
Escabeche de Berenjenas
por Ursula Buzio
"Ursula Buzio nació en Comodoro Rivadavia (provincia de
Chubut) y cursó sus estudios en
Carmen de Patagones (provincia
de Buenos Aires). Desde niña fue amante De la lectura y de la escritura. Recibió su primer premio a los 9 años, en un concurso interescolar. Últimamente ha retomado la escritura difundiendo sus trabajos en radio y en diferentes medios literarios.
Obtuvo el 2º premio en La Casa de la Poesía de La Plata y fue finalista en dos certámenes Contextos: 1999 y 2000.
Su cuento Escabeche de berenjenas figura en la antología
"En frasco Chico" publicado por la editorial Colihue.
La casa estaba a oscuras, en medio de la noche casi blanca y de un silencio sepulcral.
El hombre bajó del caballo y comenzó a llamarla a los gritos y con insultos, como de costumbre. De un puntapié abrió la puerta, lo recibió el olor inconfundible
del escabeche de berenjenas. Era su plato preferido; ella lo preparaba como nadie, aunque él nunca se lo dijo.
Siguió avanzando sin dejar de blasfemar y de un manotazo corrió la cortina que separaba los ambientes. La ventana estaba abierta y pudo verla a la luz
de la luna. Su sorpresa duró apenas un instante." Infeliz", murmuró con desprecio y, quitándose el cuchillo que llevaba en la cintura, de un solo tajo cortó la soga. El cuerpo inerte de la muchacha se ovilló en el suelo. Salió de la pieza sin mirarla.
Al pasar frente al aparador se detuvo; frascos de diferentes tamaños, en fila sobre un estante, lo estaban esperando. Los acomodó cuidadosamente en una bolsa de cuero y se fue hacia la noche.
No sabía que llevaba consigo su propia muerte, repartida en pequeñas dosis de veneno.
Tomado de: "En frasco chico”, Antología de microrrelatos. Leer y Crear, Editorial Colihue.
Expresiones discriminatorias
Por Ángel Espinal
{nació en Santiago de los Treinta Caballeros (República Dominicana), donde reside.
Es licenciado en periodismo, egresado de la Universidad Autónoma de Santo Domingo. Anima un programa radial y dirige la revista Voces, publicación educativa destinada a personas videntes.
Perdió la vista hace seis años y de inmediato ingresó en una escuela de ciegos adultos. Concluida su rehabilitación, se reintegró a sus quehaceres profesionales.
Hoy es presidente de la Organización Dominicana de Ciegos (filial Santiago).}
En nuestro día a día oímos frecuentemente palabras y frases hechas que connotan discriminación en especial de grupos minoritarios, como son los que forman distintas culturas, razas, o con quienes poseen una condición diferente. Así sucede con las personas ciegas. Diariamente se emplean expresiones como: "El que no sabe es como el que no ve" o "Dando palos a ciegas".
En la redacción periodística leemos comúnmente: "Cegado por los celos mató a su concubina".
En la literatura, es habitual dar a entender que por ser ciego, un individuo está enajenado o vive obnubilado; que no se da cuenta de lo que sucede en su entorno; ¡nada más lejos de la realidad!: "El joven ciego de amor"; "Hasta un ciego se da cuenta de eso".
La mala interpretación de pasajes bíblicos pudiera conducir a conclusiones erróneas sobre las personas ciegas, pues muchos son los casos donde se brinda
la posibilidad de dar o devolver la vista a ciegos. Recordamos que en aquellos tiempos no existían programas de rehabilitación y una persona con discapacidad
-cualquiera que ésta fuera-, no tenía posibilidades de llevar una vida normal, como sucede hoy.
Los compositores de la música popular recurren a frasecitas como la de Shakira: "Bruta, ciega y sordomuda", igualando la discapacidad visual y en este caso
auditiva y del habla a deficiencias mentales. Usted lector o lectora podrá sumar otros tantísimos ejemplos.
Es propicio decir aquí que una persona por el hecho de tener los ojos cerrados no es menos valiosa, simplemente no utiliza uno de los cinco sentidos, pero
están los otros cuatro para obtener información de su medio ambiente. Cierre usted los ojos por unos minutos y lo confirmará.
Lo planteado anteriormente busca modificar modismos; que las personas no sean presa de los convencionalismos; que no se siga reproduciendo expresiones discriminatorias.
En el caso de los ciegos no se quiere caer mucho menos en eufemismos, como aquél de "No vidente", pues no usamos por entender ridículo "No caminante" o
no oyente" para referirnos a gente con otra discapacidad. El término correcto es persona ciega o gente con discapacidad visual, porque se antepone la
condición de persona a la de discapacidad. ¡Y es que somos primero seres humanos y luego tenemos, como todos, nuestras características diferentes!
El idioma y sus modismos lo hace cada uno de nosotros. ¡Cambiemos, todos podemos poner de nuestra parte!
¿Fotógrafmos ciegos?
por Jorge Pulido
Jorge Jesús Pulido Vázquez es egresado con Mención Honorífica de la Licenciatura en Periodismo de la escuela “Carlos Septién García” (generación 1976-1980). Como reportero ha trabajado en diversos medios de circulación masiva, en periódicos y en radios. En internet es creador de la emisora “Expresión digital”, que puede escucharse en
Www.expresiond.com
No ven con los ojos del alma, como afirman muchos: son fotógrafos con discapacidad visual que retratan la cotidianeidad: una fuente a pleno rayo del sol de medio día, los carcomidos durmientes de las vías del ferrocarril, el humilde vendedor de jícamas en un parque público… Antes de accionar la cámara, recrean en su imaginación las sensaciones percibidas por sus demás sentidos: el oído, el olfato y el tacto. Sus trabajos fotográficos a ciegas han sido expuestos a la fecha en el Museo de Londres, el Gran Forum de la ciudad de Monterrey, Nuevo León, el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación , y en El Papalote Museo del Niño del Distrito federal.
La asociación civil “Ojos que Sienten” imparte en la ciudad de México, desde 2006, talleres de fotografía para ciegos y deficientes visuales. No se trata de un mero pasatiempo, el uso de una cámara de fotografía representa un efectivo recurso en su proceso de incorporación a la sociedad, aunado al aprendizaje del sistema Braille, el uso del bastón blanco y la computación adaptada.
Alejandra Rivera Castillo, una risueña defeña de 34 años de edad, ciega total desde la pubertad, antes de tomar el taller de fotografía, admite que era demasiado tímida y no era capaz de caminar sola por las calles; “el curso me ayudó a tener seguridad en mi misma, aumentó mi autoestima y me dio mucho ánimo para superarme. Ahora estudio computación, trabajo como mesera en un restaurante de Polanco, soy muy amiguera y hasta tengo novio”.
La fotografía, además permite a los ciegos adquiridos mantener vivas las imágenes, que muchas de las veces se desvanecen con el paso del tiempo, lo cual influye positivamente en su convivencia con las personas que ven; mientras que a los faltos de vista de nacimiento los aproxima más a la realidad de los colores, las formas, las dimensiones y las perspectivas, que en la mayoría de los casos y bajo otras circunstancias sociales solamente quedan grabadas en la memoria como simples conceptos abstractos.
Alejandra refiere cómo llegó al curso de fotógrafos ciegos: “fue principalmente la curiosidad de comprobar si realmente yo podía tomar fotografías, y cuál sería mi sorpresa cuando me di cuenta que no se trataba de una tomadura de pelo, que yo era capaz de hacer la planeación de las imágenes que deseaba retratar con la cámara. En el taller aprendí a ver con el oído, a recrear los colores y las formas de las cosas mediante la descripción de una persona que ve, y tocándolas cuando es posible hacerlo. También aprendí a centrar la imagen que quiero retratar, lo mismo que a calcular la distancia para que la foto no salga desenfocada ni borrosa. Me enseñaron que por lo menos debe haber un metro de distancia y que entre más lejos se enfoque la lente de la cámara es mucho mejor la perspectiva de las cosas que pueden visualizarse. Además, en la escuela para niños ciegos me enseñaron a distinguir las formas por medio del tacto y aún recuerdo los colores que pude ver hasta los diez años”.
Nos cuenta con mucho orgullo que una de las primeras fotografías que ella tomó, fue cuando su mamá cocinaba chilaquiles. “La tomé por sorpresa. Ella estaba distraída cuando yo entré en la cocina. Cámara en mano, lo primero que hice fue escuchar su voz, el chisporrotear del aceite en la caserola y el olorcito de las tortillas fritas y la salsa. Así me di una idea de la imagen que estaba a punto de retratar, y en instantes saqué la foto”.
El primer paso en la fotografía a ciegas lo dio Evgen Bavcar, Doctor en Filosofía nacido en Eslovenia en 1946, cuando a la edad de 16, cinco años después de haber perdido la vista a consecuencia de una explosión, tomó una cámara fotográfica para perdurar las imágenes del mundo que ya no podía ver con sus ojos. En 1988, fue nombrado en París, Francia, “Fotógrafo Oficial del Mes de la Fotografía”, y desde entonces ha participado con sus trabajos fotográficos en 75 exposiciones en diversos puntos geográficos de Europa, e incluso en México han trascendido sus fotografías, publicadas en la revista “Luna Córnea”.
Durante una conversación vía Internet con el filósofo mexicano Benjamín Mayer Foulkes, el fotógrafo esloveno dijo:
“El hecho de que la gente me interrogue con tal insistencia acerca de por qué tomo fotografías, y de que se sorprenda de que efectivamente tenga la capacidad para producir imágenes, es consecuencia de prejuicios psicológicos, históricos y sociológicos acerca de los ciegos. Si las personas quedan perplejas es porque interviene su propia relación con la ceguera, a veces su temor, a modo del complejo de castración, o de una evocación directa de su propio complejo de Edipo. Desde la perspectiva de algunos carentes de vista - y esto es algo que comparto con muchos de mis amigos ciegos y que he confirmado en numerosas experiencias -, yo represento una suerte de Edipo.
“Regularmente, la pregunta acerca de cómo tomo mis fotografías se centra en el asunto del dominio técnico de realidades, como la luz y las formas visuales, que, por definición, deberían eludirme. Mi respuesta es que lo que cuenta es la necesidad de las imágenes, no cómo son producidas. Esto significa simplemente que cuando imaginamos cosas, existimos: no puedo pertenecer a este mundo si no puedo decir que lo imagino a mi propia manera. La imagen no es necesariamente algo visual: cuando un ciego dice "imagino", eso significa que el también tiene una representación interna de realidades retomadas del mundo visible. Doy colores a los objetos y a las personas que aprehendo: conozco a una mujer cuya voz es tan azul que ella consigue poner el azul sobre un día que yo sé que es ceniza de otoño. Un día de tantos, encontré un pintor que tenía una voz de color rojo intenso, y el destino quiso que él gustara de ese color, lo cual me alegró mucho...¿Qué viene a ser entonces una mirada? Es tal vez la suma de todos los sueños,es una forma distinta de ver nuestro entorno visible”.
“Prefiero crear mis propias imágenes que aceptar pasivamente lo que otros puedan imaginar en mi lugar. Como dice el proverbio ruso: -nunca hay que confiar en el ojo ajeno, sino solamente en el propio, aún cuando haga biscos”.
Además de Bavcar, otro fotógrafo ciego que ha logrado notoriedad es el pianista estadounidense de jazz y blues Henry Butler, ciego de nacimiento por glaucoma, quien ha expuesto su obra fotográfica en la Galería Jonathan Ferrara en Nueva Orleáns; y así continúa la lista de artistas ciegos de la lente digital como: la neoyorquina Flo Fox, el japonés Toun Ishii, el cubano Eladio Reyes y el oaxaqueño Gerardo Ningenda.
El próximo desafío para “Ojos que Sienten”, nos dice su presidenta, la fotógrafa mexicana Gina Alfonsina Badenoch, son los cursos de dibujo, pintura y escultura para ciegos y personas con baja visión, que a partir de 2008 se impartirán –además de los de fotografía- en Casa Frontera, centro de capacitación de esta asociación civil, ubicada en la colonia Roma del Distrito Federal. Mediante texturas, trazos de líneas realzadas, instrumentos de geometría adaptados en Braille, los faltos de vista podrán descubrir en el arte otra forma distinta de ver el mundo.
Correo electrónico:
contactobraille@yahoo.com.mx
Página web:
www.contactobraille.com
Carlos Mastronardi: poeta de la evocación
Semblanza
Nació en Gualeguay, provincia de Entre Ríos, el 7 de octubre de 1901, y murió en Buenos Aires, el 5 de julio de 1976. Fue alumno del colegio Justo José de Urquiza, donde estudiaron, entre otros, Olegario Víctor Andrade y Arturo Frondizi. Desde la adolescencia vivió en Buenos Aires y en los años 20 integró el grupo de intelectuales y artistas de vanguardia nucleados en torno de la revista Martín Fierro. Compartió ese mundo de agitación y fervor con Borges, Marechal, Girondo y Bernárdez, para citar los nombres más conocidos. No los unía una estética común, pero sí un mismo afán de ruptura con los postulados del modernismo; mejor dicho, con lo que los epígonos de Lugones y Darío habían hecho de ellos. Así, a la rima anquilosada y las imágenes desgastadas oponían la soltura del verso libre y la creación de nuevas metáforas; a la monotonía de las princesas, castillos y palacios, contestaban con el tráfico de la gran ciudad, los versos para ser leídos en un tranvía o la exploración del lenguaje de los arrabales. Luego cada cual tomó su rumbo y Mastronardi se distanció pronto de las vanguardias. Lejos de buscar metáforas llamativas e innovaciones métricas, cultivó un arte basado en esquemas clásicos; y antes que la facilidad de las efusiones líricas directas, prefirió el incesante pulimiento de la forma.
En 1926 publicó su primera obra, Tierra amanecida, y en 1937 editó Conocimiento de la noche. Este libro alcanzaría su versión definitiva en 1956, aunque hablar de algo concluido resulta una paradoja tratándose de Mastronardi, quien vivió corrigiendo sus creaciones, quizás el único modo de alcanzar la fluidez y el fraseo conversacional que se perciben en sus obras. Aquí se incluye su poema más famoso, Luz de provincia, un canto a la geografía natal compuesto en alejandrinos. A lo largo de su producción poética, prescinde de referencias a batallas épicas o a gauchos bravíos; tampoco refiere acontecimientos históricos ni enumera la flora y la fauna de Entre Ríos. Lo que encontramos es un permanente diálogo entre la sensibilidad y la naturaleza, fuente de evocaciones y rememoración de estados de ánimo. El campo no es aquí el escenario de historias legendarias sino el territorio colonizado posterior a 1900, donde arraigaron y prosperaron los agricultores; pero más que eso, es el lugar de la memoria de la infancia, donde el tiempo y las acciones de los hombres que lo modelan discurren sin prisa. Algunos de sus poemas están marcados por una sutil presencia femenina y un delicado erotismo; otros nos traen la atmósfera de la ciudad nocturna, de una nostalgia sin asomo de patetismo.
Mastronardi fue un hombre solitario de vida modesta, que eligió aislarse de los círculos literarios para concentrarse en una indagación personal, ajena a modas y convencionalismos. Traductor de Mallarmé y Valéry, crítico literario y periodista, durante 40 años llevó un diario de anotaciones que la Academia Argentina de Letras publicó en 1984 con el título de Cuadernos de vivir y pensar. Amigo de hombres tan disímiles como Borges y Gombrowicz, su obra y su figura están casi olvidadas. Aún falta reunir la obra completa y esperemos que el proyecto no se demore.
Para concluir vale citar, como una condensación de su forma de concebir el arte, unos párrafos de su ensayo Formas de la realidad nacional:
“Ninguna razón, ninguna garantía respalda el argumento conforme al cual lo próximo será mejor expresado que lo distante.[...] Por lo general, las experiencias largo tiempo olvidadas y que de modo imprevisto despiertan en nosotros, suponen un trabajo interno que las depura y les imprime un sello personal. Antes que lo inmediato, aquello que dista de nuestros ojos –no de nuestra emoción- tiene más posibilidades de alcanzar vigencia estética. En función del asunto literario, las cosas que aparecen importan menos que las que reaparecen”.
Luz De Provincia (fragmentos)
A Eduarda Beracochea
Un fresco abrazo de agua la nombra para siempre;
sus costas están solas y engendran el verano.
Quien mira es influido por un destino suave
cuando el aire anda en flores y el cielo es delicado.
La conozco agraciada, tendida en sueño lúcido.
Da gusto ir contemplando sus abiertas distancias,
sus ofrecidas lomas que alegran este verso,
su ocaso, imperio triste, sus remolonas aguas.
Y las gentes de ahora, que trabajan su dicha,
los vistosos linares prometiendo un buen año,
las mañanas de hielo, los vivos resplandores,
y el campo en su abandono feliz, hondura y pájaro.
Las voces tienen leguas. Apartadas estancias
miden las grandes tierras y los últimos cielos,
y rumores de hacienda confirman lo apacible,
y un aire encariñado, de lejos, vuelve al trébol.
Es bueno ver los hombres, allí, alegres de campo,
rigiendo altos motores, sudando entre las parvas.
Estas gentes descifran su futuro en el cielo,
y sus mansas acciones confirman bestias y albas.
Conocen duras penas y alguna vez la dicha,
entienden las tormentas, las promesas del campo,
los soles y los tímidos modales de esa tierra
de ocioso color suave. (La he mirado despacio.)
Cariñosas distancias, favores del silencio,
poblados que hacia afuera relucen en jardines,
unas casas extremas y solas frente al llano,
cercos de fronda, huraña dulzura de unos lindes.
La siesta es un arrullo cansado en esa fronda
donde otra vez aquieto mis tardes de luz viva.
Rosas proporcionadas al poder del verano,
convocando muchachas aclaran más el día.
Perdido pueblo, noches de ladridos y viento;
por los ranchos lejanos, miserables canciones,
el alba entre campanas y los mojados carros,
calles de luz más sola, la plaza como un bosque.
Con buen tiempo llegaban las noticias del campo
que animaron tertulias de señores felices
y un pájaro bastaba para alegrar el pueblo.
Luz agreste y cantada, la vida entre jazmines.
Recordando mi casa y unos queridos años
digo: era el agua próxima rumor en la roldana,
llegaba algún dichoso, las fiestas nos juntaban,
nuestro padre salía temprano a la campaña.
Tuvimos un gran árbol, para un barrio su efluvio.
Adentro iba una voz disponiendo esplendores
y en los patios duraba la sombra de los nuestros...
Entonces, los regalos venían de los montes.
La dicha entretuvimos mirando unas amigas,
Lentas, bajo sombrillas de colores, llegaban
a pasar con nosotros un cariñoso día
de manos ocurrentes y flores visitadas.
Son recuerdos. Ese árbol queriendo todo el patio,
aquellos que no vuelven a su sombra, otras voces,
las tardes que venían oliendo a campo. Lejos
quedaron, con la vida reservada de entonces.
De lejos, en las fechas respetadas, venían
paisanos que orillaban las alegres reuniones.
Llegaban de los montes a embravecer las fiestas,
la mirada filosa y el destino en las voces.
Una vez se miraron y entendieron dos hombres.
Los vi salir borrosos al camino, y callados,
para explicarse a fierro: se midieron de muerte.
Uno quedó: era dulce la tarde, el tiempo claro.
En ceibales y costas quedan rumores de antes
y viene hasta mis noches como una queja antigua.
Persiste un rudo encanto que me despeja el alma
entre arroyos ocultos y en las calladas islas.
Los ocasos devuelven el ayer. Reconozco
luz de una tarde mía en las tardes de ahora.
Otra vez me convidan los silencios del campo
y un confín oscilante de linos me recobra.
(tomado de Conocimiento de la noche, 1956).
Algo que te concierne
De aquella congregación amable
Que ocurrió en Basilea o quizás en Bolonia,
Una noche generosa
En palabras, en rostros, en señores insignes
Que el acaso juntó por un momento,
Todo se ha borrado,
Como si las vidas y las circunstancias
y esa misma noche que digo,
no fueran otra cosa
que la trama deshecha de un sueño
fraguado por un dios que nos devora
y que en aire y humo se complace en plasmarnos.
Así, de ese encuentro de sombras corteses,
tan incierto que ya no recuerdo su lugar ni su tiempo,
y cuya condición menguante
es la de todo aquello que se funda en las formas,
en los acuerdos exteriores,
y no en la intensidad que nos construye,
nada me queda, nada sobrevive,
excepto tu pensado rostro.
Puesto que de fervor está hecha la sustancia
de cuanto existe, de aquellas vagas horas
en que sin verse se rozaron muchos,
sólo rescato una persona clara,
y así vuelve a ser vívido el momento remoto
que busco y que persigo con palabras:
entre un fulgor de vasos y perdidos
en la sensible música que engendras,
unos mansos fantasmas, acaso sin saberlo,
se estaban despidiendo para siempre.
Bien lo comprendes: la dispersión propia de un sueño:
sin embargo, no es todo un callado naufragio
porque la realidad con tu recuerdo empieza.
Se apagaron los hombres y las luces,
pero una luz más firme le dispensa
continuidad al alma retraída
y una fiesta más honda en mí perdura.
Ahora, en la quietud de la alta noche
bebo el café y doy con una página
donde leo que el Amor filosofa,
porque el eros, a diferencia del ignaro,
busca lo que le falta,
sospecha claridades que están lejos
y pide esencialmente la belleza.
Dejo el antiguo texto. Es tarde. Me devuelven al mundo
el poder inmediato de la noche
y el viento que en los árboles insiste.
Ya han de andar las abejas sobre jardines jónicos.
El tiempo se remansa bajo la inmensa lámpara.
Yo escribo que te quiero.
Semejante a una ternura antigua
regresa el habitual carro del alba,
como si fuera el eslabón que salva
la persistencia, el orden de este mundo.
La ciudad duerme bajo la lenta lluvia.
Suena un vago reloj en el piso de arriba.
Vuelvo a mí mismo, a verte.
(tomado de la antología preparada por Jorge Calvetti, 1966).
Músicos ciegos
Louis Braille: antes y después
Por Osvaldo Guzmán
(Disertación pronunciada en la Biblioteca Argentina para Ciegos el 4 de enero de 2009 en el acto de homenaje a Braille)
{ Nació en Buenos Aires, Argentina. Cursó estudios de armonía, contrapunto y fuga con Raúl Torrado y piano con María Rosa Oubiña de Castro. Tomó parte en las Clases Magistrales, Seminarios y Cursos de los maestros Bruno Gelber, Rudolf Kerer, Earl Wild, Nikita Magaloff y Alexis Golovine. Estudió órgano con Adelma Gómez y Enrique Rimoldi, tomando asimismo clases con destacados maestros internacionales. Es organista estable del “Santuario Nuestra Señora de Pompeya deBs. As., y ha ofrecido recitales en Brasil, Uruguay, Francia y España. En la actualidad se desempeña como Jefe de Cuerda de bajos del Coro Polifónico Nacional de Ciegos “Carlos Roberto Larrimbe”.}
1) - Son muchos los ciegos que han escrito su nombre con letras de oro en la historia de la música.
La primera pregunta que podríamos hacernos es ¿cómo y con qué método cimentaron su actividad profesional antes de la existencia de la musicografía Braille?
En muchos casos se destacaron como estupendos improvisadores, pero en el rubro de los compositores de seguro necesitaron de otra persona para volcar el resultado de sus inspiraciones en el papel.
Se desconoce la fecha de nacimiento del célebre vihuelista ciego Miguel de Fuenllana, autor de la obra titulada Orfénica Lira, colección de piezas de diferentes autores, dedicada a Felipe II. Se cuenta que al venir de Francia Isabel de Valois, tercera esposa de Felipe, trajo consigo a un grupo de destacados instrumentistas; con ellos alternó Fuenllana y de esa manera sus obras transpusieron las fronteras de España.
Es importante la influencia de este músico ciego en la música española del siglo XVI, por su arte en encontrar los acordes mejores y el contrapunto apto para el acompañamiento de las melodías populares.
El tratadista y compositor Fray Juan Bermudo en su “Declaración de Instrumentos”,lo señala como uno de los mejores “tañedores”.
Se cree que su muerte acaeció alrededor de 1579.
Uno de los ejemplos más destacados es Francisco de Salinas (1513-1590), compositor, intérprete, humanista y matemático español a quien Fray Luis de León cantara en su oda tercera:
“El aire se serena
y viste de hermosura y luz no usada,
Salinas, cuando suena
la música extremada
por vuestra sabia mano gobernada.
a cuyo son divino
mi alma, que en olvido está sumida,
torna a cobrar el tino
y memoria perdida
de su origen primero esclarecida”.
No menos trascendente es la figura de Antonio de Cabezón (1510-1566
-), músico renacentista que estuvo al servicio de Felipe II durante cuarenta años. Viajó a Inglaterra con el monarca e influyó grandemente a los virginalistas ingleses.
Uno de los más importantes centros de peregrinación del siglo XVII en España fue Daroca, ciudad famosa por el misterio de los corporales, sus siete iglesias y sus siete conventos.
En ese ambiente de espiritualidad, nació y se formó como músico Pablo Bruna, 1611-1679, conocido históricamente como “el ciego de Daroca”.
En su época surgió una polémica popular en la que se discutía si Bruna era mejor organista que Andrés Peris, ciego también él, titular de la catedral de Valencia.
Sus contemporáneos, Rodríguez y Martel dicen que Bruna convierte la ceguera” en gozo y habilidad”.
Muchos músicos de su época se formaron bajo su conducción; en el tema que nos ocupa se destaca Pablo Nasarre, 1650-1730, el organista ciego del Real Convento de San Francisco de Zaragoza.
No podemos olvidarnos de John Stanley, 1713-1786, relevante compositor y organista ciego londinense, graduado en Oxford y director de la banda del rey.
Wolfgang Amadeus Mozart queda impresionado musicalmente por dos mujeres ciegas: La pianista y compositora María Teresa von Paradis (1759-1824), a la que dedica su concierto nº 18 en Si bemol Mayor k. 456. En sus actividades de compositora, von Paradis utiliza una llamada “tabla de cpomposición”, creada para ella por
Johann Riedinger.
La otra mujer en cuestión es Marianne Kirchgassner, ejecutante de la armónica de cristal o copófono, conjunto de recipientes con diferentes medidas de agua con una extensión de casi cuatro octavas que había sido perfeccionado por Benjamín Franklin.
Kirchgassner es distinguida por Mozart al dedicarle su Adagio K. 356 y el Quinteto , k. 617.
2) - A través de la historia, hay hechos, invenciones o descubrimientos de carácter delimitante, capaces de establecer de un modo inequívoco un “antes” y un “después”. Así pues, el descubrimiento de la penicilina, la utilización de la electricidad, el primer transplante cardíaco, la caída del muro de Berlín, etc., son algunos entre miles. Y por supuesto, Louis Braille y su sistema de lectoescritura y su musicografía establecen el paso de las sombras a la luz, de la incomunicación a la comunicación, de la ignorancia al conocimiento.
Braille cumplió funciones como organista en una iglesia de París, por lo que podemos deducir que fue el primer beneficiario de su propia invención.
3) - En las postrimerías del siglo XIX, surge la figura de Louis Vierne, 1870-1937, compositor de fuste, brillante pedagogo y organista titular por más de treinta y seis años de la Catedral de Notre-Dame de París.
Él solía decir: “Mi objetivo como músico es despertar las emociones”. El maestro murió en circunstancias muy especiales: Cayó sin vida sobre los teclados del órgano durante la ejecución de una Misa.
En Alemania, se destaca el maestro Helmut Walcha, organista de reconocida trayectoria, 1907-1991, del que pueden conseguirse en plaza sus grabaciones de la obra completa para órgano de Johann Sebastian Bach.
Al respecto tengo una anécdota personal: En mis primeras incursiones en el órgano, al descubrir a Walcha despertó en mí una gran admiración por sus interpretaciones. En mi fuero íntimo, entre admiración y rebeldía, repetía para mí y mis amigos: “Claro, con la partitura delante tocar toda la obra de Bach es mucho más sencillo”. Esta afirmación se trocó en asombro al saber que Helmut Walcha era tan ciego como yo, pero con una diferencia enorme a su favor, él era Helmut Walcha.
Volvemos en este recorrido imaginario nuevamente a Francia y mencionaremos a varios egresados de L’Institution de Jeunes Aveugles de París. Los reconocidos maestros André Marchal y Gaston Litaize, a quien tuve oportunidad de conocer personalmente en 1989, en la celebración de su cumpleaños ochenta. En la ocasión se reunieron sus alumnos para un concierto homenaje. Litaize era de una personalidad adusta, severa, casi irritante y en su participación como broche del encuentro, hizo gala de sus dotes de improvisador de una forma muy particular. Sus pies y su mano izquierda tocaban el órgano, mientras la derecha lo hacía en un piano de cola que le habían acercado lo más posible a la consola.
En esa velada escuché también a Louis Thiery, que además de ser ciego, había perdido dos dedos de su mano izquierda en un accidente en su infancia manipulando elementos de pirotecnia. Su interpretación fue brillante pese a su carencia física; pero más allá de mi observación personal vale lo dicho por Olivier Messiaen: Thiery es el mejor intérprete de mi obra para órgano” y esto en labios del compositor y organista de la Trinité, es una distinción singularísima.
Aquélla noche del 11 de diciembre de 1989, actuaron también Jean Pierre Legay, uno de los cuatro actuales titulares de la Catedral de Notre-Dame y André Pagenel, titular de la Catedral Saint-Étienne de Bourges, docente, organista y gran improvisador.
Ya en España, se alza la figura del gran Joaquín Rodrigo, del que sería superfluo agregar datos en este artículo por su conocida trayectoria.
Merece una mención especial, el trabajo del maestro ciego Juan Briz, de importante actividad en la Organización Nacional de Ciegos de España (ONCE), dedicado con ahínco a las transcripciones al Braille, actividad que alternaba con las de compositor y pianista.
4) - En nuestro país, muchos profesionales impulsaron a los ciegos a utilizar la musicografía Braille, como elemento fundamental de lectura y escritura musical, echo que da por tierra con la creencia popular de que el ciego hace música solamente de oído.
Hay que resaltar al grupo de profesores del antiguo Instituto Nacional de Ciegos, con el profesor Cisneros en la cátedra de violín y el profesor Rodríguez Crespo en la de guitarra.
Egresado del Instituto, fue el músico ciego de Rosario Samuel Feldman, creador de la música del himno a Braille que con textos del ciego mendocino Carlos Roc, obtuviera el primer premio en el concurso organizado en 1952, con motivo de cumplirse el centenario de la muerte de Braille.
También en Rosario, fue fructífera la labor de los profesores ciegos Julián González y Eugenio Aefelix y en la actualidad, la infatigable tarea del profesor Guido Maranzana.
La institución sucesora del antiguo Instituto, el Patronato Nacional de Ciegos en el que brillaron en la docencia profesionales de la jerarquía de Ramón Vilaclara en cello, Pedro Napolitano en violín, Rafael González en piano, Raúl Torrado en Armonía y Contrapunto, Elda Corrado en teoría y solfeo y piano y Pascual de Rogatis, compositor de un hermoso himno del Patronato.
También es preciso mencionar al español Julián Baquero, verdadero impulsor del Braille y de su musicografía, violinista él, integrante de un dúo con su compatriota, el pianista ciego Segismundo Taladriz. Pero el mayor aporte de Baquero, fue la fundación de la Biblioteca Argentina para Ciegos hecho acaecido el 18 de septiembre de 1924.
Desarrolló una interesante labor como músico Antonio Pegoraro, pianista y compositor ciego y en la década del cuarenta, fueron verdaderos impulsores de la musicografía Braille el maestro Carlos Larrimbe, fundador del Coro Polifónico Nacional de Ciegos y el maestro Pascual Grisolía, creador de la Banda Sinfónica Nacional de Ciegos.
Dos verdaderos visionarios que con sus emprendimientos, legaron a los ciegos argentinos y de países limítrofes dos fuentes de expresión artística insuperables y posibilidades laborales dignas que son ejemplo en el mundo.
Profesores del Hogar-Escuela Manuel Belgrano, hogar-escuela Santa Cecilia y del instituto Román Rosell, tales como Andrés Fourzans, Gustavo Wilkinson, Luis Cardozo, Santiago Colomna, Marina Genero, Héctor Iglesias Villoud entre tantos otros.
Merecen figurar en esta humilde enumeración, el reconocido tiflólogo Pedro Ignacio Rosell Vera, luchador infatigable y la tesonera y altruista profesora Edith Sbako. De la mano de esta última surgieron la mayoría de los actuales integrantes del Coro de Ciegos y un importante número de músicos de la Banda Sinfónica.
Hay un caso encomiable en Córdoba; se trata de la pianista y docente Elvira Ceballos. Su intensa actividad en la ciudad mediterránea y sus viajes periódicos a Ecuador para enseñar musicografía y otras materias a potenciales músicos ciegos y lo que es de remarcar, la instrucción de docentes con visión para apuntalar el trabajo iniciado por ella, la hacen acreedora de una mención especial.
Sin dudas, en esta enumeración de personalidades que impulsaron la musicografía Braille a nivel nacional, hay involuntarias omisiones; es intención de estas líneas al recordarlas aquí, traerlas a la consideración de las nuevas generaciones de modo de avivar el interés por la práctica de la música, pensada como profesión y como canal idóneo de expresión.
5) – De seguro, las nuevas tecnologías permiten a los ciegos navegar en el mar inconmensurable del saber, pletórico de atrapantes revelaciones y desafíos.
La marcha avasallante del progreso en este campo, permite cargar en pequeños adminículos una cantidad de información imposible de trasladar y manejar en escritura Braille.
Los nuevos profesionales ciegos echan mano a estos maravillosos hallazgos de la informática, pero es de desear que no dejen de abrevar en las fuentes del sistema Braille, porque nada podrá reemplazar el gozo intelectual, espiritual y hasta físico que produce el contacto de nuestras yemas con ese signo generador de seis puntos, la lectura directa, el contacto íntimo con el libro, camino seguro para estructurar nuestros conceptos e ideas y para lograr una aceitada comprensión de los textos leídos.
Seis faros encendidos en 1825 y que permanecen cual antorchas votivas, iluminándonos… Por eso, ciegos del mundo: ¡Honremos a Braille!
Visión de una realidad
Por Edgardo González
{ Edgardo Roberto González nació el día 04/09/1949 en la Isla Martín García, Pcia. De Buenos Aires, siendo el primer nativo. Registro civil: Acta Nº 1, folio Nº 1, Libro Nº 1.
Prestó servicios en la Fuerza Aérea Argentina entre 1965 y 1998.
Por padecer Diabetes, quedó totalmente ciego a los 50 años de edad.
A partir de 1999 comenzó los tratamientos de rehabilitación, que le permitieron desenvolverse con independencia. Actualmente es cuentista y artista plástico, mnaterias en las que ha recibido varios premios. se desempeña como Coordinador Institucional de los Talleres de Ciegos que funcionan en dependencias del Museo de Artes Plásticas Eduardo Sívori.}
Un dicho popular expresa que si bien Dios atiende en todos lados, vive en Buenos Aires. Y en algunos aspectos puede ser verdad.
En esta metáfora, Dios aparece representado por el Estado Nacional, el que pareciera estar ciego, sordo y prácticamente inmóvil. No cumple ni hace cumplir sus propias leyes relacionadas con la protección a las personas con discapacidad, y este proceder se agudiza en el interior del país. También cuenta con sus apóstoles: los gobiernos provinciales y los municipales.
En una recorrida por algunas provincias puede apreciarse, desgraciadamente, que las necesidades son muchas, como producto de la falta de prevención y la desatención a su problemática. Así las personas se enfrentan a obstáculos para rehabilitarse, transitar, estudiar, trabajar o cuidar de su salud.
Claro está que lo más sensible siempre pasa por los niños. Por ejemplo: Cuando de salud se trata, generalmente, quedan en desventaja para toda la vida por variadas enfermedades de la vista. Comienza ahí un largo peregrinar porque no hay hospitales preparados para una complejidad pediátrica. Entonces aconsejan llevar el niño a Buenos Aires o alguna otra ciudad importante. Dejarlo en ese lugar, sería condenarlo, y el trasladarlo se convierte en un calvario. Salvo que su condición socio-económica le posibilite ese desplazamiento con todo lo que ello implica. La falta de recursos y la adquisición de medicamentos no suelen ser compatibles. Viajar sin cargo por algún medio de auto transporte terrestre, amparado por la ley, es casi una utopía ante el incumplimiento de las empresas y la falta de sanciones. El alojamiento, alimentación y movilidad ocasionan gastos onerosos muy difíciles de enfrentar. Habiendo un instituto nacional en el Gran Buenos Aires, que debería contener al niño y sus padres en ese trance, se desentiende de ello. Si el tratamiento en el hospital público se prolongase, resultaría casi imposible la sustentación. Entonces los padres vuelven a su casa sin saber cómo sigue la vida, en la incertidumbre y la resignación total.
Una vez que el niño adquirió una grave afección visual, comienza otra etapa: la educación. Los gobiernos descuidan aspectos de esa formación que deprime a quienes más la necesitan. Conjuntamente a los prejuicios sociales, falta capacidad para informar y orientar a los padres.
Olvidan u omiten la asignación de presupuestos en conceptos de educación especial, asistencia social, rehabilitación, en la capacitación de maestros especiales para atender a niños con discapacidad. Como así también la previsión de una infraestructura adecuada.
Pero no todo es oscuro, no todo es negativo.
En nuestro país donde reina el pesimismo en este campo y la resignación a no esperar cambios a corto o mediano plazo, y considerando que en nuestra nación no existen políticas públicas adecuadas para los discapacitados, existen otras fuerzas activas dignas de destacar. Son personas e instituciones, asociaciones civiles que merecen un reconocimiento por su recta conducta, por el buen desempeño en las áreas en que se desenvuelven, y por su desinteresado aporte en beneficio del prójimo.
Ante este panorama, no podemos bajar los brazos ni dejar de luchar por nuestros derechos.
Habrá que insistir en los organismos oficiales que se involucren en busca de soluciones concretas. Apoyar a aquellas instituciones que obran con coherencia y solidaridad. A través de ellas existe la posibilidad de elevar proyectos de ley al Congreso Nacional y exigir el cumplimiento real de la legislación vigente.
Eso sí, nadie debe olvidar que la unión hace la fuerza.
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